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Dieta veraniega

Dieta veraniega
04 jul

Dieta veraniega

El verano ya ha llegado y muchos de nuestros hábitos cambian durante esta época del año. El calor, las vacaciones, tanto de los niños como las de los adultos, la mayor duración de luz solar, y otras tantas variaciones típicas del periodo estival modifican nuestra estricta rutina del resto del año.

Qué comemos y cómo lo hacemos se ve a menudo afectado en la misma medida y por las mismas causas. Nuestra educación nutricional durante estos meses necesita una reflexión consciente para seguir alimentándonos como es debido.

La pérdida de apetito por el calor, la modificación de horarios y retraso de desayuno, comida y cena, la variación de actividad física respecto el resto del año o la menor necesidad de calorías por la subida de las temperaturas influyen en nuestros hábitos alimentarios.

Durante el período estival es más frecuente saltarse comidas, llevar un horario desordenado o comer en exceso en determinadas comidas o en las frecuentes reuniones familiares y celebraciones más frecuentes en esta época. Oscurece más tarde y retrasamos el horario de cenas. Trasnochamos y en vacaciones desayunamos más tarde, cuando lo hacemos. También se aumenta el consumo de refrescos y bebidas alcohólicas a la par que introducimos en la dieta más azúcares provenientes de dulces y frutas, incorporando también a la dieta los deseados helados.

En definitiva pasamos de la cuidada y estricta dieta invernal a una rutina alimentaria caprichosa y descontrolada.

En esta época del año debemos seguir insistiendo en las buenas costumbres y los hábitos saludables. Debemos seguir velando por una rutina alimentaria que asegure una correcta aportación de nutrientes y calorías para las necesidades de todos los miembros de la familia. A pesar que será necesario adaptar esta dieta a las necesidades energéticas de pequeños y mayores, a los alimentos de temporada y las necesidades de vitaminas y minerales y asegurarnos del aporte de correctas cantidades de agua.

Para conseguir un buen hábito alimentario en casa se recomienda realizar 5 ingestas al día y evitar picar entre horas.

A menudo en verano se pierde el apetito o realizamos menor actividad física por lo que requerimos menor aporte calórico y las comidas deben ser más ligeras y menos copiosas.

Tenemos que seguir velando por incluir en la dieta todos los grupos de la pirámide de alimentación asegurando el aporte de proteínas, hidratos de carbono y grasas, a pesar que debe modificarse la proporción prescindiendo de la necesidad de grasas.

Aprovechar la amplia variedad de frutas y verduras de esta época del año es una correcta manera de asegurar el aporte de vitaminas, minerales y agua. Es importante asegurar la permanencia de legumbres en la dieta. Es un error frecuente pensar que son comidas más típicas de periodos más fríos. El uso de ensaladas de legumbres o las sopas frías y gazpachos es una estrategia muy sencilla y agradable de incorporar estos alimentos en la dieta siendo además muy refrescantes.

Es época de cocinar a la plancha, a la brasa, al horno, al vapor o en papillote, evitando el uso de aceites y grasas para cocinar y manteniendo sus cualidades nutritivas además de conservar el sabor.

Es necesario vigilar con el uso y abuso de dulces y helados durante el verano. Son fuente importante de grasas en la dieta y debe limitarse su ingesta. Los helados artesanos, si bien son un alimento completo fuente de proteínas hidratos de carbono y grasas, deben aparecer en el computo general de nutrientes y calorías y descontarse del resto de la dieta. Sin embargo se recomienda vigilar con heladería y repostería industrial vigilando estrictamente su contenido e intentando evitar su ingesta.

Durante el verano  es muy importante asegurar la hidratación de toda la familia. El calor implica una mayor pérdida de agua corporal y sales minerales. Además el agua es, sin duda, el mejor refresco. Debe evitarse en la medida de lo posible, la ingesta de refrescos y de bebidas alcohólica, y, en su lugar, consumir dos litros de agua al día. Cuando se haga, es importante contabilizar la cantidad de calorías tanto de los refrescos azucarados como de las bebidas alcohólicas. Es importante hidratarse durante todo el día a pequeños sorbos y no solo en las comidas. Una hidratación óptima es la base de una buena dieta veraniega.

Consejos:

  • Realizar 5 comidas al día.
  • Velar por mantener unos horarios similares a lo largo de la semana.
  • Elaborar una dieta con menor aporte calórico. (excepto en deportistas o personas que aumenten su actividad física durante este periodo)
  • Disminuir el aporte de grasas en la dieta.
  • Asegurar el aporte de al menos 2 litros de agua al día.
  • Evitar refrescos azucarados.
  • Evitar bebidas alcohólicas.
  • Evitar heladería y repostería industrial.
  • Asegurar en la dieta diaria frutas, verduras, hortalizas y legumbres. (sopas frías y gazpacho son una buena y refrescante estrategia)

Pedro Hermoso Fernández

Médico especialista en medicina deportiva y educación física