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El espejo del alma

El espejo del alma
25 mar

El espejo del alma

¿Sabrías sólo por la expresión facial saber si alguien está enfadado, triste, contento, o asustado? Seguro que, aunque no sabrías explicarlo con detalle, hay veces que detectas que, a tu pareja, tu padre, o a tu hijo, le ocurre algo. Sin necesidad de que haya una señal explícita. Y es que, con frecuencia estas expresiones son sumamente sutiles (tanto que hay psicólogos que forman y entrenan a personal de las fuerzas de seguridad para detectar gestos de posibles sospechosos o durante interrogatorios).

¿Y crees que ahora sabes discernir mejor las expresiones que hace 10 años? En el Hospital McLean (EE. UU), cerca de 10.000 personas, con edades comprendidas entre los 10 y los 85 años realizaron una prueba diseñada para medir cuánto podía cada persona detectar diferencias mínimas en las señales faciales de miedo, enfado, y felicidad. La prueba también identificó cómo las personas en diferentes grupos de edad mostraron cambios en su sensibilidad a esas emociones faciales.

Los participantes fueron evaluados utilizando una plataforma basada en la web www.testmybrain.org (que, por cierto, puede usarse en español, y ofrece pruebas curiosas que os recomendamos ver). En la prueba se mostraban pares de rostros y se les preguntaban cosas como: «¿Qué rostro está más enojado?», «¿Qué rostro es más feliz?», o «¿Qué rostro es más temeroso?».

Encontraron que la sensibilidad a las señales de ira aumenta drásticamente durante la adolescencia. Esta es la franja de edad en la que los jóvenes están más alerta a formas de amenaza social, como el acoso escolar. Padres de adolescentes, ahora estaréis asintiendo con la cabeza recordando las veces que los vuestros parecen estar a la defensiva, tomándose las cosas a la tremenda y enfadándose ante inocentes comentarios (“Se te va a enfriar la cena hija…”, “¡Que me dejes, vivir, Mamá!”).

El estudio también mostró que la sensibilidad a las señales faciales para el miedo y la ira disminuye a medida que las personas envejecen, pero la capacidad de detectar señales de felicidad sigue siendo la misma.

Esto resulta sorprendente porque a medida que envejecemos se reducen muchas habilidades de percepción visual, pero parece ser que no ocurre con la percepción de la felicidad. Estos hallazgos reflejan lo ya observado previamente en otras investigaciones, que muestran que los adultos mayores tienden a tener una perspectiva y unas emociones más positivas.

¿No resulta agradable saber que envejeceremos y no perderemos capacidad de apreciar la felicidad en las caras de los que nos rodean? Ahora sólo nos queda una cosa, hacerlos felices.

Pablo Ignacio Alonso – Psicológo Activa Mutua

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