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El reto del héroe

El reto del héroe
04 feb

El reto del héroe

Hablemos del cáncer sin tapujos.

Últimamente se habla mucho sobre el optimismo y la actitud positiva ante el cáncer.
Se ha generado en nuestra sociedad a través de los medios de comunicación, redes sociales y libros de auto ayuda, la creencia de que mantener una actitud positiva puede ser determinante en el curso de la enfermedad.

El enfermo de cáncer por tanto tiene, además de pasar por el propio proceso de la enfermedad, la responsabilidad de mantenerse positivo, todo un logro, cuando de forma natural nuestro organismo ante una situación novedosa y además amenazante para la propia vida, genera miedo y ansiedad.

En psicoterapia llamamos “acting out” al hecho en el que el terapeuta, guiado por la propia ansiedad que le genera el sufrimiento del otro y sin reconocer las necesidades reales de su paciente, actúa de un modo impulsivo y cae en recomendaciones “fáciles” y estereotipadas.

“Tienes que ser fuerte”, “Si te mantienes positivo y optimista, te salvarás”…
Obviamente, mantener una actitud positiva hará que la enfermedad no se convierta en un camino más duro de lo que ya es. Va a facilitar que busquemos ayuda, seamos proactivos, mantengamos nuestras actividades y rutinas a salvo y tengamos la percepción de mayor control sobre la situación.

Pero, ¿hasta que punto? Cuando recibimos un diagnóstico como es un cáncer, comienza un proceso de duelo en nuestro interior, la asimilación de una pérdida, la de nuestra salud, la de nuestra estabilidad y seguridad, y atravesaremos con toda seguridad por un sinfín de emociones diferentes.

Imponer al enfermo de cáncer la obligación de comportarse como un héroe, impide al paciente reconocerse y permitirse sentir, en cierto modo, bloquea sus emociones.
Aunque existen diferentes estudios sobre el tema, aún resulta difícil asegurar si una actitud positiva predice el curso del cáncer, puesto que hay múltiples casuísticas y cada uno de ellos tiene su complejidad y sus particularidades.

Por tanto, generalizar puede ser un poco arriesgado.

En salud mental hablamos de factores de protección. Son aquellos recursos personales, sociales, institucionales y del ambiente (biológicos, psicológicos y socioculturales) que favorecen el desarrollo del ser humano y aumentan su resiliencia o capacidad para sobreponerse a los distintos contratiempos o tragedias a las que se enfrenta e incluso salir fortalecido de la experiencia. Los factores de protección individuales determinan como será cualquier experiencia vital y determinará en gran medida nuestra salud mental.

Nos referimos a una persona con adecuados factores de protección cuando cuenta con una buena red de apoyo social y familiar, habilidades sociales, capacidad para el manejo del estrés, un nivel económico suficiente, sentirse integrado y comprometido a nivel social, disfrutar de actividades de ocio y tiempo libre… etc.

Además resulta imprescindible, en todo proceso vital complicado, comenzar un trabajo psicoterapéutico, que nos permita ser y que nos acompañe, desde el respeto a nuestro propio dolor, a que el miedo pierda su sentido contando con un espacio psicoterapéutico privado e íntimo donde a éste se le pueda escuchar. Como decía Milton Erickson, psicólogo y médico estadounidense, “Cada persona es un ser único.

Por lo tanto la Psicoterapia debería formularse en la búsqueda de esa individualidad y peculiaridades de las necesidades de cada uno, más que apoyarse en hipotéticas teorías sobre la conducta humana…».

Blanca Carreras – Psicóloga Activa Mutua

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