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El valor de la amistad

El valor de la amistad
24 jul

El valor de la amistad

En la actualidad vivimos encadenados a horarios rígidos, siendo esclavos de nuestras obligaciones que nos llevan a un ritmo acelerado el cual nos conduce a comportarnos de forma mecánica, lejos de nosotros mismos. Pararse, respirar en silencio y conectar con lo que nos hace disfrutar, aspectos que tienen poca prioridad en nuestras apretadas agendas rutinarias.

Dedicarse espacio y tiempo a diario donde encontrar momentos placenteros aumenta nuestro bienestar a nivel cognitivo, emocional y corporal.

Las relaciones de amistad donde existen vínculos sólidos, nos ayudan a relajarnos, a dejar atrás los innumerables roles por los que transitamos a lo largo del día, poder ser uno mismo sin necesidad de dar una imagen diferente o condicionada por el contexto.
Ya desde la infancia, el grupo de iguales nos ayuda a identificarnos y a crear nuestra identidad, como seres gregarios que somos, necesitamos un grupo de referencia fuera de la familia para el crecimiento personal, donde las relaciones interpersonales tengan lugar.

La amistad genera numerosos beneficios para nuestra salud, sentir que tenemos soportes externos en nuestra vida, poder contar con alguien que te quiere y que esa persona cuente contigo, que se interese por lo que te pasa y esté dispuesto a escucharte, amistades que no juzgan, que te quieren por lo que eres, que permiten que uno sea libre más allá de fingir para complacer al otro, y relajarnos sin temor al rechazo o al cuestionamiento, poder generar este tipo de encuentros mejora nuestro bienestar psicológico.

Es importante no caer en la exigencia de que los amigos tienen que ser perfectos y estar listos para atender todas nuestras necesidades, es suficiente con que te acepten y también nuestro propio trabajo poder valorar estas actitudes, dejando atrás pretensiones o la idealización acerca de la amistad. Un amigo que acompaña, ayuda a reducir el estrés, un amigo que escucha de forma activa, donde se dé un espacio de comunicación desinteresado, ya nos conduce hacia algo más saludable, porque el simple hecho de verbalizar un pensamiento o una emoción nos ayuda a tomar conciencia interna, digerir e integrar nuestros estados y validarlos como propios aunque nos resulten desagradables.

Cuando sentimos que alguien se preocupa por nosotros, aumenta la autoestima y el autocuidado, de lo contrario, la sensación de soledad suele conducir al abandono. Algo que acabará incidiendo en la salud de forma negativa.

Además la interacción humana es una factor que estimula el cerebro, sostener una conversación o pensar en una realidad diferente a la propia dinamiza la actividad cerebral, quien se mantiene aislado tiende a perder capacidades cognitivas.

Nuestras amistades, aquellas en las que nos reconocemos y nos reafirmamos, crecer junto a alguien, que se alegra de tus alegrías, de tus triunfos, y también comparte tu dolor y tus derrotas, la amistad es un ejercicio ininterrumpido de adaptación porque estamos cambiando constantemente, nunca somos los mismos, acompañar en la mutación tantas veces como sea necesario, con respeto, escuchar y también pedir nuestro lugar para hablar, aspectos que hacen de nuestra vida un lugar para que brote la ternura y la alegría.

Las amistades, ese refugio para sentirse en calma y arropado, la elección fuera de la familia impuesta, el lugar donde las preocupaciones y el malestar disminuyen. Cuidar y saber mantener nuestras relaciones de amistad facilita nuestro funcionamiento cotidiano y mejora la relación con nosotros mismos, con los demás y con el mundo.

Quien tiene un amigo tiene un bálsamo para descansar y conectar con la esencia más genuina.

Isabel Arduny – Psicológa Activa Mutua

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