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Más sanos con inteligencia artificial

Más sanos con inteligencia artificial
07 jul

Más sanos con inteligencia artificial

Mejora notable en la precisión de los diagnósticos

Activa Mutua siempre está sumida en la mejora continuada de los servicios asistenciales para sus pacientes y considera que la inteligencia artificial (IA) en el campo médico, optimiza la velocidad, la precisión del diagnóstico y la detección de enfermedades; facilita la atención clínica; refuerza la investigación en el ámbito de la salud; desarrolla medicamentos o apoya intervenciones en salud pública, como vigilancia de la morbilidad, respuesta a los brotes o gestión de los sistemas de salud.

Tal y como se desprende del informe Ethics and governance of artificial intelligence for health (Ética y gobernanza de la inteligencia artificial en el ámbito de la salud), elaborado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La IA también permite que los pacientes tengan mayor control de su propia atención de la salud y comprendan mejor la evolución de sus necesidades. Además, facilita el acceso a los servicios de salud en los países con escasos recursos y las comunidades rurales, donde los pacientes a menudo tienen dificultades para acceder a los agentes de salud o a personal médico.

La IA se materializa con sistemas informáticos que piensan como los humanos, automatizan actividades como la toma de decisiones, la resolución de problemas y son capaces de mejorar mediante el aprendizaje continuo.

La IA ya está aquí con cotidianeidades como la detección facial en los móviles, los asistentes virtuales de voz del tipo “Siri” de Apple, “Alexa” de Amazon, “Cortana” de Microsoft… o integrada en aplicaciones para dispositivos móviles como: “Lyli” (un personal shopper digital);  “Parla” (aprendizaje de idiomas); “Ems” (encontrar vivienda) o precisamente, “Gyant” (asistente virtual de Facebook que emite diagnósticos médicos), entre muchos otros.

Su objetivo, hacer más fácil la vida de las personas.

Por otro lado, ha impulsado el uso del big data debido a su habilidad para procesar ingentes cantidades de datos y proporcionar ventajas comunicacionales, comerciales y empresariales que la han llevado a posicionarse como la tecnología esencial de las próximas décadas. Transporte, educación, sanidad, cultura… multitud de sectores ganarán en eficacia con esta alta tecnología.

Desde la óptica sanitaria, la OMS puntualiza que la IA ofrece grandes expectativas para mejorar la prestación de atención de salud y la medicina en todo el mundo, siempre y cuando la ética y los derechos humanos ocupen un lugar central en su concepción, despliegue y utilización.

Código

Tanto es así, que desde dicha institución se insta a limitar los riesgos y aumentar al máximo las oportunidades que conlleva la utilización de la IA en el ámbito de la salud, mediante los siguientes principios:

  • Preservar la autonomía del ser humano. En el contexto de la atención de salud, ello significa que los seres humanos deberían seguir siendo dueños de los sistemas de atención de salud y las decisiones médicas; se debería preservar la privacidad y la confidencialidad, y los pacientes deben dar su consentimiento informado y válido por medio de marcos jurídicos adecuados para la protección de datos.
  • Promover el bienestar y la seguridad de las personas y el interés público. Los diseñadores de tecnologías de IA deberían cumplir los requisitos normativos en materia de seguridad, precisión y eficacia para indicaciones o usos bien definidos. Se deben instaurar medidas de control de la calidad en la utilización de la IA.
  • Garantizar la transparencia, la claridad y la inteligibilidad. La transparencia exige que se publique o documente información suficiente antes de la concepción o el despliegue de una tecnología de IA. Esa información debe ser fácilmente accesible y facilitar consultas y debates provechosos sobre la concepción de la tecnología y sobre el uso que se debería hacer o no de esta.
  • Promover la responsabilidad y la rendición de cuentas. Las tecnologías de IA permiten realizar tareas específicas; ahora bien, incumbe a las partes interesadas velar por que estas sean utilizadas en condiciones apropiadas y por personas debidamente formadas. Se deberían instaurar mecanismos eficaces para que las personas y los grupos que se vean perjudicados por decisiones basadas en algoritmos puedan cuestionarlas y obtener reparación.
  • Garantizar la inclusividad y la equidad. La inclusividad requiere que la IA aplicada a la salud sea concebida de manera que aliente la utilización y el acceso equitativos en la mayor medida de lo posible, con independencia de la edad, el sexo, el género, el ingreso, la raza, el origen étnico, la orientación sexual, la capacidad u otras características amparadas por los códigos de derechos humanos.
  • Promover una IA con capacidad de respuesta y sostenible. Los diseñadores, desarrolladores y usuarios deberían evaluar de forma continua y transparente las aplicaciones de la IA en situación real a fin de determinar si esta responde de manera adecuada y apropiada a las expectativas y las necesidades. Los sistemas de IA también se deberían concebir de modo que se reduzcan al mínimo sus efectos medioambientales y se aumente la eficiencia energética. Los gobiernos y las empresas deberían anticipar las perturbaciones ocasionadas en el lugar de trabajo, en particular la formación que se deberá impartir a los agentes de salud los familiarizará con el uso de los sistemas de IA, y las posibles pérdidas de empleos debidas a la utilización de sistemas automatizados.

Por otro lado, por poner ejemplos prácticos, muy interesante consideran desde la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), un trabajo reciente donde en función del patrón patológico de los tumores renales, la IA discrimina qué enfermos tendrán riesgo elevado de sufrir infecciones y cuáles no y, por tanto, con quienes habrá que tomar medidas específicas. Desde la UOC, también resaltan que la IA es altamente capaz para el análisis de imágenes como retinografías (análisis de lesiones en la retina, número de microaneurismas, tamaño de los microvasos…), ecocardiogramas, tomografías computarizadas, TAC, resonancias o radiografías.