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Navidad emocionalmente saludable

Navidad emocionalmente saludable
20 dic

Navidad emocionalmente saludable

Se acerca la Navidad, es una época del año, en esencia, dirigida a nuestro interior, a promover valores fundamentales, dedicar tiempo a lo verdaderamente importante, la familia y los amigos, y disfrutar el máximo posible de ellos. Son valores deseables, comunes al ser humano, aunque estemos hablando de una celebración religiosa, compartida por distintos cultos que hunde sus raíces simbólicas y se nutre en diferentes culturas, y de la que todos podemos contagiarnos y formar parte, sentirla, disfrutarla y al menos durante unos días, centrarnos en ser nuestro mejor yo.

No obstante, existe una parte de la sociedad, que no consigue disfrutar de la Navidad, se siente mal en esta época del año, la asocia a la versión comercial, que nos bombardea desde varios meses antes, la vincula al consumismo, a las relaciones sociales impuestas, incluso a la hipocresía.

¿Cómo una misma celebración, puede evocar emociones tan distintas? La percepción de un hecho a nivel emocional, depende de nuestra actitud, y esta, puede estar sesgada por experiencias anteriores, por situaciones vitales actuales, por emociones mal gestionadas, etcétera.

Nos gustaría proporcionaros una pequeña y sencilla receta, para haceros sentir la Navidad, una receta inclusiva, pero especialmente dedicada a aquellas personas, que no consiguen disfrutar de estas fechas, e incluso las temen.

El primer paso podría ser pensar cómo quieres disfrutar de estas fechas navideñas, ¿qué te gustaría hacer realmente? Existe la posibilidad de tomar la iniciativa, si no disfrutamos de la forma en que nuestra familia viene organizando los eventos navideños, podemos proponer alternativas, podemos organizar según nuestras preferencias, pero siempre desde el consenso. Es necesario recordar que son fechas para compartir, y por tanto, para que todos los miembros de la familia las disfruten, debemos promover acuerdos.

El siguiente paso para gestionar nuestra salud emocional navideña, podría ser simplemente, plantearnos unos objetivos razonables respecto a la multitud de eventos que se generan en estas fechas. Quizá podrías intentar organizar una agenda, que estés seguro de poder cumplir. Piensa, valora, elige, visualízate, antes de comprometerte a acudir, de lo contrario el estrés que te puede generar, va a impedir el disfrute de unos días entre amigos y familia.

Una de las razones que generan rechazo a la Navidad, es la experiencia previa. En momentos en los que se reúnen los integrantes de la familia, pueden surgir situaciones incómodas, incluso en ocasiones difíciles, que conllevan consecuencias futuras. Es necesario proponernos convivir, tener una actitud de convivencia razonable, que implica principalmente autocontrol. Cuando nos reunimos entre seres queridos, somos nosotros mismos, nos desinhibimos, nos sentimos en casa, no obstante, debemos recordar que las familias crecen, incluyen a nuevos miembros, o excluyen en otros casos, personas con las que comenzamos a crear lazos y vínculos emocionales, no es momento de tocar temas peliagudos, ni de recordar discrepancias anteriores, probablemente una conversación ligera, trivial, favorezca una cena fluida, y evite las tan temidas consecuencias.

Otra razón por la que se teme a la Navidad, es la nostalgia. La añoranza de los seres queridos, que han compartidos estas fechas con nosotros y que ahora no están. La idealización, de que cualquier tiempo pasado fue mejor, nos tiñe con una pátina de tristeza las fiestas navideñas.

Si la nostalgia navideña se debe a la comparativa con nuestra infancia, o juventud, orientar la mirada al presente, al día de hoy, al escenario actual, nos permite actuar, disfrutar y tener control sobre el momento que vivimos. Las primeras Navidades vividas son las que recordamos de forma más intensa, eso se debe a que las primeras experiencias sellan en nuestra memoria emociones fuertemente. Los primeros recuerdos son los más vívidos, sin embargo, porque renunciar a seguir disfrutando de esa experiencia, a seguir generando nuevos recuerdos preciosos que atesorar.  Hemos escuchado hasta la saciedad, que el único momento que podemos vivir, es el presente, el pasado ya no está, el futuro, aún no ha llegado, no se ha formado, disfruta plenamente el momento presente, sin comparaciones, vive de forma intensa y siente a las personas que te rodean, hoy, es la única forma de vivir, incluso en Navidad.

Cuando la tristeza en Navidad, se debe al duelo por la pérdida reciente de un familiar o amigo cercano, es importante compartir estas fechas en un entorno que nos permita ser honestos y sinceros con nuestras emociones, que nos haga sentir la suficiente comodidad para desahogar nuestros sentimientos, si nos desbordan. Es importante ser coherentes con nuestro estado emocional, y por tanto no fingir, vivir la Navidad, de acuerdo a la situación presente, pudiendo ser una aliada, para sentirnos arropados por aquellos que conocen dichas circunstancias, que nos quieren y que nos ayudaran a superarlo.

Hablar de la Navidad, es hablar de regalos, el consumismo se desata en nuestro interior.

Cada año escuchamos el discurso alternativo a la publicidad que nos hostiga, los regalos no son lo importante, no obstante, seguimos incurriendo en la misma práctica para demostrar el afecto. En ese caso, tengamos en cuenta que, a la hora de regalar, es más importante el mensaje que el importe, pensar en la persona, cuáles son sus gustos e intereses, es primordial, no la cuantía del precio.

Una práctica adecuada, para evitar la frustración y decepción con dichos regalos, es realizar una carta a Los Reyes Magos, o a Papá Noël, este entrañable invento tiene una finalidad muy práctica, evitar ese error cognitivo que en psicología llamamos lectura de pensamiento, en el que esperamos que las personas que nos quieren y conocen, sepan exactamente, que deseamos, “nos lean la mente”. Como ejercicio de reflexión, también puede aportarnos información interesante, madura qué es lo que realmente necesitas, céntrate en un solo regalo, piensa que deseas, si no se desea, no se valora, si lo tienes todo, no deseas nada.

Es muy importante trasmitir este mensaje a los pequeños de la casa, y sabemos que ellos aprenden, en gran parte imitando. Las familias intentan satisfacer cualquier anhelo que ven en sus pequeños, ya antes de que sean conscientes de su deseo, enseñémosles a pensar, a desear, a esperar, e incluso a no recibir todo lo esperado, porque los niños, también, deben aprender a gestionar su frustración.

Por último, hablamos de vacaciones y días de descanso en estas fechas, es fundamental la puesta en común, organizar nuestras agendas, con las personas que comparten nuestra vida, es tarea difícil en la vida cotidiana, y más en Navidad. Si conseguimos dialogar, empatizar para entender por qué es importante para esa persona, podremos distinguir qué es significativo para cada uno de los miembros de la familia, y llegar a un consenso.

Finalmente desearos una Navidad sana emocionalmente, en la que nos regalemos tiempo, para crecer interiormente, y para compartir con los que amamos, tiempo para buscar la esencia de la Navidad.

Araceli Granados Trujillo, Psicóloga  Activa Mutua

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