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¿Por qué fumas? ¿te lo has preguntado alguna vez?

¿Por qué fumas? ¿te lo has preguntado alguna vez?
28 may

¿Por qué fumas? ¿te lo has preguntado alguna vez?

El tabaquismo es uno de esos fenómenos que nunca se agotan. La simple y a la vez tan extraña conducta de fumar ha producido enormes cantidades de literatura (científica y charlatanería a partes iguales), ingentes admiradores y detractores, colosales ganancias y costes económicos*.

Hemos hecho de todo por comprender este hábito, pero, sobre todo, hemos intentando lo inenarrable por controlarlo a voluntad.

La inmensa mayoría de la gente que deja de fumar lo hace de un día para otro, sin esfuerzo significativo, y sin consecuencias en el deseo (el “mono”) a largo plazo. ¿Te resulta sorprendente este dato? Que todos tengamos la idea de que es hartamente complicado, por no decir imposible, es más fruto de ese otro porcentaje: los fumadores adictos (que además no suelen cumplir con unas pautas apropiadas, por angustia, paradójicamente, ante la idea de no volver a fumar). Hacen mucho ruido, y el mito se extiende.

Si eres fumador, ¿te has preguntado alguna vez cuál es la función que cumple para ti el tabaco? Es decir, ¿por qué fumas? No me lo digas, a ver si adivino: te relaja, te entretiene, te gusta el sabor, y te ayuda a concentrarte. ¡Caramba! ¿Tanto estrés/aburrimiento/te gusta el sabor/necesitas concentrarte, como para tener que fumar X cigarros al día o cada semana? Si es así, ¡quizá el problema radica en esas cosas que te llevan a fumar!

Obviamente no podemos generalizar, cada caso tiene sus características individuales, pero no te creas tan especial, si fumas es bien por a) obtener algo agradable (sabor, imagen, sensación control, de libertad, rebeldía) y/o b) librarte de algo desagradable (tensión, incomodidad, no saber qué hacer con las manos, o la excusa perfecta para alejarte de esa persona aburrida).

Es curioso, pero, y te animo a que hagas la prueba si fumas, cuando se le pide a la gente que apunte ante cada cigarro que fuma al día cuánto le apetece (es decir, el deseo, “¿Cuánto me apetece fumarme este cigarro de 0 a 10?”), y el grado de satisfacción después de hacerlo (“¿Cuánto me ha gustado este cigarro de 0 a 10?”), los resultados, como ya te figurarás, reflejan que la inmensa mayoría ni eran tan apetecibles ni tan satisfactorios.

Llega un momento en el que a una sensación de “necesidad” o demanda fisiológica (tu cerebro se resiente al no tener nicotina, una sustancia que no produce, y se queja. Tiene “hambre”), se suma un hábito fuertemente establecido (realmente no te apetece y podrías pasar sin fumar, pero es una conducta tan sumamente repetida, que tu instinto te dice “ya toca hacer esto”. Se ha automatizado. Pura economía cognitiva. Y ese es precisamente uno de los factores que más interfieren en dejar de fumar o reducir el número de cigarros; que pretendemos funcionar en contra de nuestra parte más primitiva, una parte que lleva millones de años velando por nuestra supervivencia, y, a fin de cuentas, un hábito que nos resulta fácil, cómodo, rápido, y tiene la trampa de una “recompensa” a muy corto plazo.

Objetivamente tú piensas racionalmente, sabes, estás convencido, sin duda alguna, que el tabaco no te aporta nada bueno (ni siquiera relajarte; la sensación subjetiva de relajación es por el alivio de la abstinencia, alimentar al “mono” hambriento), y sin embargo con saberlo no basta, no es suficiente. Razonas emocionalmente que te hace falta, que te vendrá bien, o que no es tan malo.

Darte cuenta, tomar conciencia de cómo y porqué fumas, y probar cosas distintas a modo de experimento “a ver qué pasa” (retrasar el encendido del cigarro 10 minutos, fumar con la otra mano, fumar sólo en la terraza de casa, o sólo la mitad del cigarrillo, sólo a las horas en punto, preguntarte en voz alta cuánto te apetece o cuánto te ha gustado, etc), puede ser una forma sencilla e indolora de empezar a observarte a tí mismo.

Si has leído hasta aquí, o estás muy aburrido, o te gustan los retos, así que te propondré un último: divide un folio en cuatro cuadrantes, y a lo largo de una semana trata de ir anotando ventajas y desventajas de fumar, y ventajas y desventajas de dejar de fumar (o de reducir tu consumo a X cigarros, si es lo que quieres). Se lo más explícito posible. Si una de esas razones es “mejor salud”, la idea resulta vaga, poco precisa, y poco motivante. ¿A qué te refieres en TU caso particular con “mejor salud”? ¿Un efecto en tus ronquidos, sueño, sangrado de encías, sarro, tos, expectoraciones?

Si quieres cambiar tu relación con el tabaco, y piensas que necesitas ayuda, un psicólogo puede asesorarte en tratamientos empíricamente validados para dejar de fumar, así como ayudarte a aumentar tu motivación al cambio.

Sabe que la libertad y satisfacción que se ganan son… No. No hay un superlativo lo suficientemente superlativo para describirlo. Tendrás que vivirlo tú.

*Te recomiendo la película “El dilema” (The insider, 1999), protagonizada por Russell Crowe y basada en hechos reales sobre el lobby del tabaco.

Pablo Ignacio Alonso, psicológo Activa Mutua