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Síndrome posvacacional. Cinco pasos para evitar una mala vuelta al trabajo.

Síndrome posvacacional. Cinco pasos para evitar una mala vuelta al trabajo.
12 sep

Síndrome posvacacional. Cinco pasos para evitar una mala vuelta al trabajo.

A veces con solo pensar en la vuelta al trabajo nos amargamos las vacaciones, y una mala reincorporación hace que parezca que las vacaciones no nos hayan servido para nada. Todo lo disfrutado y descansado cae en el olvido. Pero la vuelta al trabajo puede ser agradable.

Muchas personas lo viven así porque trabajar les supone un aliciente y una motivación estimulante, pero, sobre todo, porque no caen en los errores que hacen que volver a la rutina se haga difícil.

“Síndrome posvacacional” es una etiqueta para definir un trastorno* que, en realidad, no existe. Entidades como la Organización Mundial de la Salud no reconocen ni definen este “síndrome” en su clasificación internacional de enfermedades. Es un concepto sin embargo que oímos con frecuencia tras la época estival.

Usamos el “diagnóstico” de “síndrome posvacacional” para referirnos a cómo nos encontramos (de mal) al finalizar las vacaciones y volver al trabajo y reanudar rutinas habituales menos cómodas, sintiéndonos cansados, torpes, “quemados”, y necesitando un periodo de adaptación hasta retomar el ritmo previo.

En general, cuando las vacaciones se utilizan como descanso cometemos el error de dejarnos llevar por los excesos. Alteramos rutinas; por ejemplo, nos vamos a dormir y nos levantamos tarde o a otras horas que difieren con nuestro horario a lo largo del año, dormimos siestas maratonianas, comemos a deshoras, y abusamos de nuestro cuerpo, ingiriendo más cantidad y menos sano (helados, alcohol, fritos). Se tiende también a fumar más, y estar más sedentarios e inactivos.

Es comprensible por lo tanto que se nos haga costoso en apenas unas pocas horas pasar de conductas que nos demandan poco o ningún esfuerzo (como es permanecer en reposo) a otras que requieren atención, concentración, agilidad y esfuerzo físico y mental (como es madrugar, vestir y dar de desayunar a los niños, conducir hasta el colegio atendiendo al tráfico caótico, esforzarse en comprender si los cálculos de una gráfica están bien hechos, y no poder fumar cuando apetece, si no cuando se puede).

Frente a esto, si la vuelta al trabajo suele resultarte especialmente costosa, puede serte útil tratar de conservar el grueso de sus rutinas o por lo menos no alterarlas de forma brusca y prolongada.  En las vacaciones apetece hacer excepciones, desde luego, aunque ten en cuenta que dormir siestas de dos horas cada día de las vacaciones, deja de ser una “excepción” para ser la “norma” o rutina habitual, aunque solo sea por unos días. Recuerda: el cuerpo se acostumbra rápido a actividades que demanden poco, lo cual no siempre es beneficioso.

Por otro lado, antes hablábamos del sentimiento de estar “quemado” en el trabajo. Si bien es cierto que la falta de sueño nos vuelve algo más irritables, ahora nos referimos a una irritabilidad fruto, no del cansancio, si no de pensar en todas las cosas negativas de la vuelta al trabajo.

No todas las personas reaccionan ante estas adversidades de la misma forma. ¿Qué tienen en común quienes, dentro de lo malo, lo llevan algo mejor? Pues que suelen centrarse no tanto en una imagen global de todo lo negativo que anticipan (real o imaginado), si no en:

1) Dar pequeños pasos. Romper una tarea costosa en pasos más pequeños y manejables. Las metas concretas y pequeñas tienen el efecto de ver cómo poco a poco se van sacando adelante tareas, y darse cuenta de que, muy probablemente, no han sido tan sumamente arduas y molestas (y si lo han sido, por lo menos se han hecho).

2) Pasar de lo general a lo específico. No es lo mismo dejarse llevar y quejarse por un malestar global (”me siento fatal”), que parece fuera de nuestro control, a identificar y concretar la causa (“me duele la cabeza”, “tengo sueño”) ya que lo primero es poco útil y lo segundo orienta más a una acción concreta y resolutiva.

3) Buscar las cosas más agradables. A la pequeña Violeta de cinco años (casi seis) no le gusta nada madrugar, forzarse a desayunar sin ganas, e ir corriendo con prisas, pero está deseando volver a ver a sus amigos y compañeros de clase e impaciente por llegar al colegio. ¿Eres tú capaz de identificar todo lo bueno de tu trabajo?

4) Hacerlo diferente. Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo. Piensa en si cualquier otra persona haría tu trabajo exactamente igual que tú, los mismos pasos, en el mismo orden, la misma actitud.

5) Inicialmente, para quien la vuelta al trabajo se le hace especialmente dura, se suele recomendar para los primeros cinco días asumir tareas poco a poco haciendo descansos muy breves (de 1 ó 2 minutos) y frecuentes (cada 30 minutos aproximadamente), siempre empezar por las tareas más costosas, dejando las fáciles para el final, e ir cada vez a más intensidad hasta que (presumiblemente al quinto día) nos acostumbremos de nuevo al ritmo laboral en el que funcionamos óptimamente.

Si tiendes a verte muy afectado por el “síndrome postvacacional” anticípate y traza un plan de acción de cara a las siguientes vacaciones.

La vuelta al trabajo puede ser agradable.

Feliz vuelta al trabajo.

Pablo Ignacio Alonso – Psicológo Activa Mutua

*En psicología nos referimos a una conducta o serie de conductas (pensar, sentir, actuar) como “trastorno” cuando afecta de forma negativa y persistente a algún área de nuestra vida (laboral, social, familiar, legal, sexual, salud…).

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