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Vacatio Legis

Vacatio Legis
23 jun

Vacatio Legis

El concepto jurídico de “vacatio legis” se identifica como aquel periodo que media entre la publicación de una norma en el boletín oficial correspondiente y el momento en que inicia sus efectos. No es este un tema menor, cuándo inicia sus efectos una norma, de hecho el artículo 2 del Código Civil lo regula certeramente señalando que la entrada en vigor se producirá a los veinte días de su publicación en el boletín oficial “si en ellas no se dispone de otra cosa”, o también podemos citar aquél principio general (o derecho fundamental) que impide que las normas penales tengan efectos retroactivos.

Como siempre, la norma general, los veinte días, lleva anexa la excepción, si la misma norma no dispone otra cosa, con lo cual, nos hallamos ante una amalgama de diferentes momentos en que las normas entran en vigor. Sin ánimo exhaustivo, aquellas que verifican su inicio de efectos en el mismo día de su publicación, la que tienen su inicio de efectividad al día siguiente de salir a la luz, más aquellas que aúnan diferentes momentos de entrada en vigor, al día siguiente, a los veinte días, en un plazo más o menos corto o largo, o incluso aquéllas que tienen efectos retroactivos, y si quieren aún más retorcido, las que vinculan su efectividad a la publicación de otra norma…que nunca llegó a publicarse con lo que la primera de ellas, en realidad, nunca entró en vigor.

Pero no es esta la “vacatio legis” a la que quiero referirme, quizás con incorrección jurídica, con este concepto quiero describir el periodo que hemos vivido como consecuencia de no contar con unas cortes constituidas y un gobierno con iniciativa legislativa, con lo que ha desaparecido la publicación de cualquier tipo de norma que regule los más variopintos aspectos de nuestra sociedad.

Esta ausencia de textos legales publicados en las gacetas oficiales contrasta con la vorágine sin fin vivida antes de la convocatoria de las elecciones legislativas estatales celebradas en Diciembre de 2015, en los meses previos a los comicios el Boletín Oficial del Estado era un continuo de textos refundidos, decretos, leyes…una sucesión imparable de normas y más normas que abarcaban materias de todo tipo de pelaje, sin duda importantísimas pero que afectaban directamente al corpus jurídico que regula nuestra ciudadanía. Huelga realizar una descripción o lista por que todos aquéllos que tratamos con el Derecho, fuimos testigos de este fenómeno.

Esta realidad me permite traer a colación diversas reflexiones.
La primera es que cabe preguntarse si sólo con el acto de legislar el poder del Estado (o de la Administración si se prefiere) consigue su objetivo último de transformar la sociedad de forma que quede alineada a los designios (o si se quiere la visión, misión y valores) del Gobierno de turno. La respuesta, al menos para mí, es que no, la extensa e ilimitada capacidad legislativa de todas los poderes legislativos y administrativos constituidos en esta piel de toro no supone garantía alguna de que exista una efectiva transformación, o dicho de otra manera, de que las normas se apliquen y sirvan para aquello que fueron creadas. Cuántas veces una Ley ha sido cacareada a bombo y platillo para que una vez que queremos aplicarla salga la infranqueable barrera de “reglamentariamente se establecerá…”, o puestos a decir, cuántas veces nos hemos enfrentado a un texto ininteligible sólo al alcance de aquella mente privilegiada que es capaz de entender los más sutiles recovecos de la ley de la relatividad o de la física cuántica.

Segunda reflexión, ¿para qué ha servido legislar tanto?. Un efecto es evidente, el incremento aberrante de la burocracia en este país. Parece como si los ciudadanos fuéramos analfabetos o incapaces de regir nuestros destinos, la burocracia dirigirá nuestros designios por los cauces adecuados. Sin embargo, este efecto tiene una contraprestación muy pesada, la ausencia de capacidad de iniciativa transformadora o si se quiere la petrificación de nuestra sociedad. Llámenme como quieran, pero añoro la libertad.

Y tercero, la coerción, la punibilidad, se han incrementado desmesuradamente. Hace unos años, con la reforma del año 2010 del Código Penal, un catedrático de Derecho Penal exclamó, siguiendo la estela del cineasta Berlanga, “Todos a la cárcel”…y con el paso de los años…sin duda alguna así será, con las reformas habidas en estos últimos tiempos de las normas administrativas punitivas y las de carácter penal, hay del pobre desgraciado que se olvide un trámite administrativo o si lo cumplimenta inadecuadamente, su destino puede ser preocupantemente gravoso.

Por ello, y ahora viene el corolario de mis reflexiones, esta “vacatio legis” ha sido como un bálsamo, un receso, demasiado breve seguramente a tenor de lo que nos espera sea cuál sea el color de quien nos gobierne después de las elecciones de junio de 2016.

Periodo que nos ha permitido leer sosegadamente textos legislativos que sólo habíamos podido vislumbrar a vuela pluma, que nos ha permitido prestar más atención a la actualidad jurisprudencial que interpreta la aplicación de las normas, momentos incluso, que permiten reflexionar sobre lo que, de “lege ferenda”, sería conveniente que se publicara en un boletín oficial.

Disfruten de estos momentos, digo esto porque vienen a mi mente las memorias de Winston Churchill en las que describe sus experiencias durante la Segunda Guerra Mundial, lo que él llamó la Guerra Crepuscular, aquél periodo previo a la invasión de las tierras francesas, en el que incluso los futuros contendientes (cada uno en su frente) parecían disfrutar de una paz que sólo fue un mero espejismo, dada la crudeza de los enfrentamientos que se produjeron con la entrada de las fuerzas invasoras en Francia y que la historia nos describe tan crudamente(sin olvidar a aquéllos que previamente a este hecho sufrieron en sus carnes los dramáticos rigores de la guerra).

Confiemos que la “vacatio legis” que ahora disfrutamos, no sea crepuscular y que de paso a la “rationabili lege” y no a una nueva tormenta legislativa sin fin y sin control.

Miquel Benabarre Casals – Secretario General de Activa Mutua

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